El blog de la Biblioteca del IES Rodrigo Caro de Coria del Río

sábado, 1 de febrero de 2020

Cine-club del Rodrigo Caro: La novia cadáver de Tim Burton y Mike Johnson (2005)


por María Jesús Morón
Una tormentosa tarde prenavideña supuso el decorado perfecto para el visionado de la película elegida por nuestro cine club para cerrar el año 2019: La novia cadáver. Que no os lleve a engaño el título, puesto que La novia cadáver es una maravillosa y hermosa película de animación dirigida por Tim Burton y Mike Johnson en el año 2005. Basada en un cuento del siglo XVI, “El dedo”, del rabino Isaac Luria y en la adaptación ruso-judía posterior del siglo XIX, está ambientada en un pueblo ficticio de la época victoriana y nos cuenta la historia de Emily y Víctor Van Dort. Víctor Van Dort es el hijo de unos pescaderos que, de alguna manera, han hecho fortuna (no se indica en la película cómo) pasando a ser nuevos ricos y con aspiraciones de ascender socialmente. Con el fin de lograrlo, conciertan el matrimonio de su hijo Víctor con Victoria Everglot, hija de unos aristócratas arruinados. Pese a conocerse el día antes del enlace, los dos jóvenes se enamoran y lo que prometía ser una historia de amor con final feliz se tuerce durante el ensayo de la boda, ya que con los nervios, Víctor es incapaz de recordar sus votos y termina dejando caer la alianza de matrimonio al suelo y quemando el vestido de su futura suegra. Ante tal desaguisado, es reprendido por el pastor Glaswells, el cual le prohíbe su regreso hasta que no se haya aprendido correctamente sus votos matrimoniales. Al huir del pueblo, Víctor se adentra en un bosque en el que ensaya sus votos nupciales, despertando sin querer a Emily, el cadáver de una joven novia fallecida que lo arrastrará al mundo de los muertos. Tim Burton representa el mundo de los muertos como un mundo alegre, lleno de color, con cadáveres, esqueletos y alimañas bebiendo, bailando y celebrando la eternidad, en contraposición a un mundo de los vivos gris, donde la gente camina cabizbaja, encorvada y con semblante triste. Víctor, soñador y distraído, encontrará en el mundo de los muertos lo que nunca encontró en el de los vivos: vitalidad, bondad, dulzura,.. especialmente en el personaje que da nombre a la película, Emily, la novia cadáver. Emily, que admira la belleza de la luna la primera vez que sube a la tierra tras su muerte. Emily, que le regala los huesos de su perro Sobras (Scraps en la versión original). Emily, enamoradiza, bondadosa, confiada y en búsqueda del ideal del amor romántico que perdió en vida y que cree haberlo encontrado en Víctor.

A lo largo de la película vemos como, de entre los protagonistas, el personaje que más emociones expresa, Emily, es precisamente el que no tiene corazón. Asunto al que hace varias veces referencia, apesadumbradamente, la misma Emily: la carencia de latido, de su propio latido. Sin embargo, los espectadores vemos como pese a sus heridas físicas y de las otras, Emily, nuestra novia cadáver, canta, ríe, siente celos, angustia, tristeza (preciosa escena junto a Víctor tocando el piano) y mucho dolor. Tanto, y tanto ha sufrido, que no es capaz de provocarlo en los demás y al final de la historia liberará a Víctor para que pueda casarse con la mujer a la que realmente ama. Con esta muestra de amor, Emily queda por fin libre del trauma que la anclaba a la eternidad.

 

Desde el punto de vista cinematográfico, La novia cadáver es una película de animación, realizada con la técnica de animación stop motion o animación fotograma por fotograma. Fue el primer largometraje de animación rodado íntegramente con una cámara de fotos réflex digital. La duración normal en un rodaje de superproducción como por ejemplo, Harry Potter, es de unas 14 semanas. El rodaje de La novia cadáver tuvo una duración de 52 semanas y la realización de algunas tomas duraron hasta tres semanas. Las marionetas, de tonos grisáceos para el mundo de los vivos y de vivos colores para el mundo de los muertos, fueron realizadas con un mecanismo bajo una piel de silicona que permitía modificar las expresiones faciales de cada personaje. Se crearon 80 personajes para la película y se necesitaron 25 animadores para marcar el movimiento de las figuras delante de la cámara. Los decorados realizados han sido mucho más grandes que los normalmente fabricados para películas de animación.

 En La novia cadáver hay decorados que alcanzan cinco metros de altura y hasta ocho metros de profundidad.
En definitiva, una obra de arte, tanto desde el punto de vista cinematográfico como artístico, que llenó de hermosura la alicaída tarde que la meteorología nos tenía preparada.Menos mal que luchamos contra la adversidad. Como Emily.

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sábado, 11 de enero de 2020

Cine-club del Rodrigo Caro: Los pájaros (1963), de Alfred Hitchcock


por Juan Gabriel Martínez

Como si se tratase ya de una tradición, a nuestro cine-club llega de nuevo una película del gran maestro del cine de suspense; en esta ocasión se trata de Los pájaros. Y es que en la programación que habíamos previsto para este primer trimestre, de cine fantástico y de terror, no podía faltar “Don Alfredo”, que con esta producción de 1963 volvió a ofrecer al público una experiencia aterradora sobre cómo la plácida vida de los habitantes de un pueblo costero se ve alterada por la presencia y el comportamiento anómalo de sus vecinos voladores.

Coincidiendo con la llegada a un pueblo de una chica que va buscando a un apuesto abogado, se empiezan a producir unos ataques extraños por parte de un número cada vez mayor de pájaros, que se empiezan a concentrar amenazadoramente en esta tranquila localidad. Mientras que la relación entre la pareja protagonista evoluciona, yendo desde una inicial hostilidad hasta una poderosa atracción (el pasado de la chica era algo turbio para la mentalidad de una localidad tradicional y conservadora), los hechos relacionados con el agresivo comportamiento de las aves van creciendo en virulencia, pasando de ocasionales y anecdóticos incidentes a casi ataques organizados con la intención de agredir a los humanos y causar víctimas, todo ello acompañado de algunas reflexiones y alusiones casi cómicas sobre las prácticas con que los humanos tratan a estos inocentes animales, que desde una perspectiva ecologista/animalista serían condenables en la actualidad, y a la que el excepcional director parecía estar adelantándose. Particularmente, me da la impresión de que Hitchcock quiere transmitir un mensaje un tanto puritano, “castigando” comportamientos poco morales por parte de los humanos, tanto individual como colectivamente, y para ejecutar ese castigo, utiliza a la naturaleza y a una de las especies que comparten planeta con nosotros, para llevarlo a cabo.

Paralelamente, para seguir con la intrahistoria del film, en 2018 la protagonista, Tippi Hedren, publicó sus memorias con el título “Tippi”, en las que narró cómo vivió el rodaje y sufrió a las órdenes del excepcional director. Fue uno más de los testimonios que salieron a la luz en esos momentos iniciales del movimiento #metoo. En esas memorias, además de afirmar que Hitchcock fue cruel con ella hasta el extremo de que el rodaje del ataque de las aves en la escena final fue brutal, la actriz asegura que Hitchcock arruinó su carrera cinematográfica (un año más tarde aún contaría con ella para “Marnie, la ladrona”), pero no su vida. Eran otros tiempos en Hollywood (como en todas partes), y ciertos comportamientos inmorales eran habituales entre los miembros de ese mundo donde, por detrás del glamour del celuloide, había todo un sistema de abuso de poder y de acoso sexual del que se aprovecharon productores, directores y actores, y que se ha prolongado casi hasta la actualidad. Pero ése es otro tema delicado que debería ser abordado en otro momento y lugar. Señalemos, no obstante que la interpretación de Tippi al menos fue recompensada con un Globo de Oro.

Para nosotros, los espectadores que amamos el cine, esta obra de arte, que está entre las seleccionadas por la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos para su preservación en la National Film Registry desde 2016, es un clásico inolvidable, todo un ejemplo del cine de terror que sigue desasosegándonos y haciéndonos sentir indefensos e impotentes ante unos hechos que escapan a nuestra lógica y a los que no sabemos cómo hacer frente. Hitchcock se basó en un relato corto de la escritora británica Daphne du Maurier, que se desarrollaba en la campiña de Cornualles, en el Sur de Inglaterra, pero mientras preparaba el guión con Evan Hunter leyó una noticia de un ataque sufrido por la población de una localidad de la Bahía de Monterrey (California). Años más tarde, en 2011, unos biólogos marinos de la Universidad de Louisiana demostraron que ese comportamiento de los pájaros podría deberse a una intoxicación alimentaria al ingerir un alga que contiene veneno; se trata del ácido domoico, que daña el sistema nervioso. Pero Hitchcock eludió cualquier explicación racional de los acontecimientos, de modo que la historia resultara aún más inquietante, ¡y vaya si lo consiguió!

Por todo lo anterior, la película merece una lectura en profundidad de la que extraer los leitmotivs habituales en el cine del genio anglo-americano: las mujeres rubias, la sexualidad, el inconsciente, el engaño. Tippi Hedren fue una más de las “rubias” que Hitchcock buscó para protagonizar sus películas, como Doris Day, Eva Marie Saint, Ingrid Bergman, Grace Kelly, Janet Leigh, Kim Novac (¡menudo repertorio!), seguras, ambiciosas, decididas, siempre dotadas de un halo de esplendor y un alto poder de seducción para los hombres. Ellos resultan siempre un tanto patéticos, y en algunos casos acomplejados, cohibidos ante la exultante belleza e incapaces de tomar decisiones inteligentes. Es la atracción sexual lo que les hace querer tenerlas, desearlas, pero siempre inseguros y dubitativos, víctimas de ellas o de lo que ellas representan. En el caso de Los pájaros, el protagonista, Mitch Brenner (encarnado por Rod Taylor) tiene la intención al principio de burlarse de Melanie Daniels (Tippi Hedren) y tomarse su pequeña revancha por un viejo pleito del que ella, hija de un poderoso magnate de los medios de comunicación, salió victoriosa. Pero la determinación de ella conseguirá rendirlo, seducirlo y finalmente permitirá que él asuma el rol de auténtico hombre que toma en sus manos la salvación de todas las mujeres a su cargo (de su madre, de su hermana y obviamente de la que en un brevísimo lapso de tiempo se ha convertido en su prometida, para lo cual ha debido ganarse la confianza de la madre de él). Malévolamente, se me ocurre pensar que el sufrimiento que ella sufre en el momento de ser atacada por los pájaros (desde el primero de esos ataques hasta el último, mucho más salvaje) define una especie de expiación por sus faltas anteriores (mujer frívola, fumadora, mirona, descarada), lo que le permitirá recibir la absolución y la aprobación de la madre tras el sufrimiento padecido por salvarlas a ella y a su hija. Por otro lado, que Mitch está demasiado sometido al poder de la madre resulta evidente desde el momento en que Melanie se encuentra con Annie Hayworth (Suzanne Pleshette), la maestra del pueblo. Casualmente, ésta ha decidido alquilar una habitación de su casa, y eso va a permitir que las dos jóvenes mujeres tengan un momento “de chicas”, con confidencias sobre sus vidas, que convergen en un mismo punto: Mitch. La experiencia de la maestra (una morena sensual y bondadosa, extraña combinación, que ha mantenido una relación con él) con la familia del abogado, y más concretamente con la madre, no tuvo un final feliz, lo que le va a permitir poner sobre aviso a la nueva candidata, mucho más decidida y con otras armas de seducción que no dudará en emplear, en un sabio manejo de verdades y mentiras. Esos momentos de intimidad entre las dos mujeres, el contraste de la morena y la rubia, son de lo más jugoso de la película. Pero el destino de ambas será muy diferente, tal vez injusto.

Hitchcock tomó algunas decisiones atrevidas para la época en cuanto a aspectos formales. Por ejemplo, la banda sonora del film no tiene ni un sólo momento musical durante el desarrollo de la historia; sólo la componen los diálogos de los personajes, los ruidos de ambiente y, especialmente, los graznidos de las aves, realmente ensordecedores en los momentos de los ataques, así como el sonido de los aleteos de las bandadas. También los silencios juegan un papel fundamental en la creación del suspense. Eso hace aún más aterrodora la impresión producida por los pájaros al abalanzarse sobre la población. Merece ser destacado el hecho de que para crear estas escenas sólo se recurrió a algunas aves entrenadas y a una cantidad notable de aves mecanizadas o de juguetes. El realismo conseguido en estas escenas hizo merecedora a la película de un Óscar a los mejores efectos visuales. Sólo con los títulos de crédito del principio y del final se puede escuchar la música compuesta por Bernard Herrmann. Y es significativo el final de la película, ya que Hitchcock no quiso que apareciera el típico rótulo “The end”, lo que hace aún más evidente la voluntad del director de que el final fuera abierto, dejando al espectador ante la duda de qué pasará después y la necesidad de construirse su propia solución.

No obstante, en el breve análisis y coloquio posterior al visionado de la película, algunas de estas consideraciones quedaron relegadas debido al público que asistió. La película está considerada como apta para todos los públicos, y entre nuestros asistentes habituales contamos últimamente con nuevos cinéfilos, una cantera que queremos y debemos cuidar para garantizar la continuidad de nuestro cine-club. Pero eso también hace que cuidemos con ellos los detalles y los acerquemos al cine para que disfruten y aprendan de él y con él. Las consideraciones expuestas anteriormente por este humilde crítico no hacen sino manifestar unas pulsiones psicológicas tal vez tan enfermizas como las del propio director, y sacar del inconsciente masculino fantasmas y deseos que los jóvenes cinéfilos aún desconocen. También esto es bueno, que el cine nos ofrezca esa doble, triple o cuádruple lectura, esa profundidad de la que carecen tantas de las últimas producciones comerciales que saturan las pantallas de las salas de cine; que los espectadores, cualquiera que sea nuestra edad, condición sexual o género, hagamos nuestra interpretación de esas historias que ya forman parte de nuestra vida y que han contribuiddo a formar nuestra personalidad además de enriquecer nuestra cultura. Y eso sólo lo consiguen los clásicos. Como rezaba el título de aquel mítico programa de José Luis Garci, “¡Qué grande es el cine!” y de la misma forma que la teoría de la relatividad expuesta por Einstein no deja de ser cierta porque éste fuera un misógino, y por ello merece un puesto de honor en el campo de la ciencia, el hecho de que Bertolucci, Woody Allen o Hitchcock hayan sido objeto de denuncias por parte de algunas de las actrices o mujeres que los trataron no debe quitar un ápice al reconocimiento que como grandes artistas se merecen en la historia del cine.

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sábado, 30 de noviembre de 2019

Cine-club del Rodrigo Caro: El viaje de Chihiro (2002), de Hayao Miyazaki




Autor: Jaime Sanchiz, alumno del IES Rodrigo Caro entre 2012 y 2018


“Nada de lo que ya pasó es olvidado. Incluso si ya no lo recuerdas…”


Ciertamente esta frase tiene un valor muy especial para algunos, especialmente hablando de mi generación pues, esta película, resume perfectamente ese sentimiento nostálgico que puede vivir una persona en momentos determinados de la vida.


El viaje de Chihiro fue, aparte de la segunda película proyectada en nuestro cine-club del IES Rodrigo Caro, una experiencia para algunos entretenida y para otros, en los que me incluyo junto a mi compañero universitario Juanma que disfrutó de la película junto a mí, un “viaje” a un recuerdo. Un tributo a la infancia en sí misma, más aún recordando el juvenil público que nos acompañó en aquella sesión y que gozó de tal joya audiovisual del Estudio Ghibli.


Resumiendo la trama, podemos decir que esta nos cuenta la aventura de la pequeña Chihiro, una niña de apenas doce años que, por motivos mágicos e inexplicables, se ve envuelta en un mundo fantástico del que escapará junto a la ayuda del misterioso Haku. El entorno en el que se desarrolla la aventura de esta chica está lleno de referencias a la cultura y mitología japonesa, especialmente a esto último pues, los seres que habitan esta realidad en la que queda atrapada nuestra protagonista, son Yōkai (妖怪).
Los Yōkai vendrían a ser el equivalente a fantasmas o espectros de nuestra sociedad occidental, pero con la característica de que estos, más que representar almas en pena o espíritus de fallecidos, que también, suelen ser espíritus provenientes de animales, seres monstruosos, demonios o, incluso, objetos inanimados. Los yōkai, aunque de naturaleza agresiva, suelen evitar a los humanos, véase ahí el motivo por el cual Chihiro es repudiada en el hotel de yōkai dónde ha de trabajar para sobrevivir, además de que nos hace entender por qué este hotel de seres fantasmagóricos se encuentra situado en las ruinas de un parque de atracciones real. Además, también posee otras referencias culturales incluso a la mitología griega, véase, al final de la película, la similitud en la despedida de Haku y Chihiro con el mito de Eurídice y Orfeo.

Esta película ha tenido bastantes interpretaciones, una de las más conocidas y presumiblemente la más oscura, además de ser una de las interpretaciones que ni el propio Miyazaki, director de la película y fundador del estudio Ghibli, ha llegado a negar nunca, trata de ver la película como una crítica a la prostitución infantil, tema que aunque interesante, no me atreví a comentar en el típico coloquio posterior a la proyección que solemos hacer por el pueril público que nos acompañaba. Esta teoría se sostiene por algunos argumentos relativamente sólidos que, al no tener negación explícita de su director, se han ido consolidando en el público crítico del cine de animación. Tras la fachada infantil de la película, hay detalles que hacen creer a muchos espectadores que la casa de baños, es en realidad, un prostíbulo. Algunos de estos detalles son el nombre de la “villana” de la historia, “Yubaba” el cual, traducido al español, vendría a traducirse como señora mayor o “vieja” pero que en japonés, también se utiliza para designar a las “madame” de los prostíbulos o por ejemplo el motivo por el cual los padres “abandonan” a Chihiro a su suerte o, según esta teoría, venden a Chihiro, con tal de simplemente comer, motivo por el cual la pequeña Chihiro los percibe, en vez de cómo sus padres, como unos cerdos; o, y termino ya pues esta teoría no es especialmente de mi agrado, la razón por la cual el “sin cara” se obsesiona con Chihiro, pues es la chica nueva del local y pretende comprar con oro lo que metafóricamente sería su “virginidad”.

Sin embargo como digo, desde un punto más obvio, la película siempre ha sido considerada como una reflexión sobre el choque de dos Japón, un japón antiguo y conservador reacio a todo lo nuevo y, otro, mucho más actual y avanzado, representado por la pequeña Chihiro. Entrando ya más en mi opinión personal, que me tomo la libertad de expresar aquí, esta película representa más bien ese sentimiento de pérdida que he ido presentando desde el inicio de esta reseña. La película representa, valga la redundancia, un viaje. Un viaje que tiene, como origen, la juventud de una niña que no es capaz de asumir la realidad de tener que mudarse y cambiar de vida a un destino, la madurez. La película, aunque con un obvio enfoque infantil, realmente tiene un trasfondo no triste, sino más bien melancólico y sobre todo, una oda a la nostalgia adulta. La película a pesar de ser una “película para niños”, está llena de impotencia por parte del protagonista y resentimiento, y el que recuerde a Haku al final de su viaje, sinceramente me hace pensar que es el pensamiento intrusivo típico del adolescente promedio que recuerda su infancia en un momento determinado de su vida, aunque sinceramente, dejemosnos de sensiblería subjetiva.

Un punto muy importante de esta película es, además de la trama, su fotografía y la música, la cual, y empezando por esta última, absorbe al espectador completamente y le hace partícipe de la historia. Es una banda sonora gratamente sensible y delicada, la cual es suave en algunos momentos y, en otros, enfatiza el drama inherente de la trama. Por otra parte está la fotografía de la película y es que, tal y como comenté en el cinefórum, parece que Miyazaki pretendió que todo fotograma de este filme fuera una fotografía, pues cada escenario de la película es cuidado y llamativo a la vista, haciendo bella desde la escena del recuerdo de Chihiro en el río como espantosa la persecución del “sin cara”.

El viaje de Chihiro siempre ha sido tratada como un hito del cine de animación, pues además de haber sido galardonada con un Óscar a la mejor película de animación en 2002, ha pertenecido, como decía al principio de esta reseña, a toda una generación, además de ser un referente de la cultura actual y ser desde su primera proyección un modelo a seguir en el cine de animación. El estudio Ghibli siempre ha sido capaz de sorprendernos con todas sus películas como “El castillo ambulante” o “Mi vecino Totoro”, y sencillamente con solo ver una de estas películas, puede hacer que cualquier reluctante del cine de animación, cambie de opinión completamente.
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viernes, 18 de octubre de 2019

Píldoras para leer: "El miedo"

El Miedo


por Ana Lama

Unos pasos en la escalera. Un escalofrío. El bosque. La noche sin estrellas. Las ruinas. Una cueva. Estar perdido. Lo desconocido. La soledad. La ruptura. Un gato negro. Estar enfermo. Un cementerio. Las pesadillas. Un temblor. Gritos.

El miedo forma parte de nuestras vidas, nos pone en alerta. El miedo es imprevisible, inesperado. Surge, a veces, ante un hecho concreto que nos sobrepasa; otras, lo provocamos nosotros en los otros o simplemente aparece de la nada y nosotros mismos lo hacemos más y más grande. Palidecemos, temblamos, lloramos. Es una forma de ir entrando en la muerte, fugazmente y escapamos. Cuando regresamos del miedo, estamos agotados pero sentimos una extraña fuerza interior, que nos da confianza en nosotros mismos. Continuamos en la vida, soñamos, atravesamos, sonreímos. Y un día, de pronto...

...unos pasos en la escalera. Un escalofrío. El bosque. La noche sin estrellas. Las ruinas. Una cueva. Estar perdido. Lo desconocido. La soledad. La ruptura. Un gato negro. Estar enfermo. Un cementerio. Las pesadillas. Un temblor. Gritos.


En los próximos días, se nos llenará el instituto de naranja, morado y negro, de calabazas y sobre todo, de espíritus de difuntos que vagan libremente entre nosotros. Uf, qué miedo. Para combatirlo, hacemos una fiesta de ello. Pero hay otro miedo, el de todos los días, los pequeños miedos que nos asaltan y nos transforman. De esos queremos hablar aquí en esta sección. Así que ahí va el reto:

Y para ti, ¿qué es el miedo? Cuéntanos cuándo, cómo, dónde, por qué, para qué... lo has sentido alguna vez.
The Headless Horseman Pursuing Ichabod Crane ©Dominio Público
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miércoles, 16 de octubre de 2019

Cine-club del Rodrigo Caro: El resplandor (1980), de Stanley Kubrick


"THE SHINING Movie Poster" by TommyPocket Design is licensed under CC BY-ND 4.0
El cine-club del Rodrigo Caro ha iniciado una nueva edición con el visionado de todo un clásico del cine de terror: El resplandor. Pese a los 39 años transcurridos desde su estreno, que tuvo una fría acogida entre el público y fue despreciada y rechazada por la crítica, esta película no deja de causar espanto y provocar un escalofrío entre los espectadores, ya sea la primera o la enésima vez que la ven, fenómeno que pudimos experimentar cuantos nos dimos cita el pasado 30 de septiembre para verla. Sus imágenes han quedado como referentes para públicos de todas las edades, incluso aunque algunos no hayan visto el film, pero que identifican perfectamente a un niño pedaleando a lo largo de pasillos enmoquetados, a unas gemelas vestidas exactamente igual, o un rostro congestionado asomando por una puerta rota con un hacha. Los logros visuales de Kubrick, su exploración técnica en el uso de la cámara (la Steadycam, novedoso sistema de filmación para sustituir a los costosos travellings, sólo usado en tres películas anteriores), la narrativa y el lenguaje cinematográficos puestos al servicio de una historia excelente del excéntrico Stephen King… todo ello dio como resultado una película que nos sigue impresionando y que siguesiendo un ejemplo de cómo se hace terror actualmente. Está claro que se trata de un género con muchos seguidores en nuestros días, y para confirmarlo basta echar un ojo a la cartelera y observar cómo casi la mitad de los estrenos en las salas más comerciales pertenecen a este género, confirmado por su presencia en las listas de las películas de mayor recaudación, pero lamentablemente muy pocos de esos títulos tienen la calidad de esta cinta, y con toda seguridad “nadie hablará de ellas cuando hayan muerto”, parafraseando el título de la película de Agustín Díaz Yanes.
En esta película, con su particular sentido del cine, donde abordó casi todos los géneros, desde el histórico (Espartaco, 1960) hasta la ciencia ficción (2001, una odisea del espacio), pasando por la comedia (¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú, 1963) o el erótico (Eyes Wide Shut, 1999), Kubrick decidió ofrecer una lectura personal de la novela homónima de Stephen King, con la que éste no quedó muy convencido. Para Kubrick los contenidos subliminales, las alusiones psicológicas, sociales e históricas son fundamentales para transmitirnos su visión del mal latente en nuestra sociedad. Lo paranormal va de la mano con lo cotidiano, y el mal puede encontrarse en cualquiera de nosotros pese a los intentos que hagamos por resistirnos a él. Los “pecados” de los seres humanos, las malas acciones cometidas a lo largo de la historia, encuentran una fisura para colarse en nuestro día a día, en las vidas más normales, de modo que el mal que se desplaza en el tiempo hace mella en los individuos más débiles.
"The Shining" by Bartosz Kosowski is licensed under CC BY-NC-ND 4.0
La normalidad aparente de los tres protagonistas va de la mano con la capacidad extrasensorial del niño, un pequeño desconocido hasta entonces que Kubrick eligió por la “capacidad de concentración que vio en él”. Danny Lloyd no tuvo posteriormente una carrera cinematográfica exitosa, lo que lo llevó a abandonar el cine y proseguir una vida corriente. ¡Ah, los niños! ¡Esos seres tan inocentes y dulces, pero con una vida interior que los adultos no entendemos y ante la que experimentamos desazón a la más mínima señal anómala! ¡Cuántos protagonistas infantiles han protagonizado películas de terror! Danny tiene un amigo imaginario con el que se comunica y que Kubrick materializa en el dedo índice con el que habla. Pero algo tan normal va acompañado de la telepatía, esa actividad parapsicológica que brinda a Stephen King uno de los aspectos paranormales con los que tejer su historia. Ése es “el resplandor” al que alude el título, según la explicación que le da el cocinero del hotel, Dick Halloran, protagonizado por Scatman Crothers, un habitual en papeles secundarios, siempre eficaz y en esta interpretación altamente convincente.
Otro aspecto paranormal será la posesión mental que sufre Jack, el padre de Danny, del que los fantasmas del pasado que habitan el hotel se servirán para seguir cometiendo atrocidades. Hasta Wendy, la inocente e insustancial madre (siendo malvados, hay quien llegó a decir que Shelley Duvall fue elegida para este papel por su poca relevancia y casi nulo carácter) llega a ver algunos de esos seres malvados del pasado en la orgía de horror que se desata al final. ¿Ocurre todo eso en realidad? ¿Puede haber una explicación real y racional de cuanto ocurre?
 La tendencia al exceso de Jack Nicholson encontró en la figura del padre un medio eficaz para mostrar la alienación que sufre Jack, esa dualidad del padre que no quiere ningún mal para su familia, aunque se muestra débil para hacer frente a la llamada del mal, incapaz de resistirse a su seducción.
Con esos cuatro personajes y un entorno extraordinario, el de un hotel de lujo aislado en medio de las Montañas Rocosas, construye Kubrick una historia de terror y trágica, en la que el director quería incluir alusiones a páginas oscuras de nuestro pasado, como por ejemplo el Holocausto.
El ritmo lento de la película, cuya trama se desarrolla básicamente en una semana (cuando la nieve deja aislado al hotel y las comunicaciones se ven dificultadas por la tormenta), los diálogos lentos y los largos planos-secuencia llenos de silencios, pero acompañados por la banda sonora, nos hacen sentir incómodos, haciéndonos experimentar las angustias de los protagonistas, temiéndonos que ocurra lo peor porque sabemos que lo puede y va a ocurrir. Y lo más terrible es que resulta creíble, porque así han ocurrido grandes tragedias individuales y colectivas en la historia de la humanidad. Es esa banalidad del mal de la que nos habla Hanna Arendt: cualquiera de nosotros podemos llevar dentro el germen (de frustración, de violencia, de envidia, de necesidad de reconocimiento) que sólo aguarda a que se presente una ocasión para dejarnos seducir, a recibir una llamada (¿del presente, del pasado?) que nos lleve a vivir o protagonizar la peor de las pesadillas.

"The Films of Stanley Kubrick" by Graham Corcoran is licensed under CC BY-NC-ND 4.0

La atmósfera opresiva de la película, con los tres personajes principales aislados en medio de las Montañas Rocosas de Colorado, se ve reforzada con su banda sonora. El propio Kubrick se encargó de la elección de las obras para acompañar las secuencias más significativas, algo habitual de este realizador, y encargó a Gordon Stainforth, su asistente de dirección, la sincronización de los pasajes musicales con las secuencias de la película. El resultado es notable, con momentos inolvidables perfectamente subrayados por los elementos sonoros. En este sentido, es citada como ejemplo la escena de Danny en los brazos de su padre cuando éste ya he empezado a sufrir los efectos de los fantasmas del hotel. Para ella, Stainforth ajustó al desarrollo de ésta una tercera parte del tercer movimiento de la Música para cuerda, percusión y celesta, de Béla Bartók, según la evolución del diálogo entre ellos. También es notable el trabajo de Wendy Carlos y Rachel Elkind, que a partir de un himno fúnebre de la Edad Media (Dies Irae), mezclado con voces y sintetizadores, compusieron el tema principal con el que se abre la película. Pero la mayor parte de las piezas musicales se deben al compositor polaco Krzysztof Penderecki. Las escenas que corresponden a piezas de este clásico del siglo XX son numerosas: el despertar de Jack bajo su escritorio aterrorizado por una pesadilla, el sueño de Danny mientras su padre entra en la habitación 237, Wendy golpeando a Jack con el bate de béisbol, o descubriendo lo que Jack escribe en la máquina de forma repetitiva, Danny escribiendo REDRUM en la puerta de la habitación, o recorriendo los pasillos con el triciclo… La fuerza de su música atonal y experimental es fundamental para crear esa atmósfera onírica y paranormal en la que evolucionan los personajes hasta el dramático final.

No podemos dejar de hacer una breve referencia al polémico doblaje en español, dirigido por Carlos Saura por expreso deseo de Kubrick. Y en particular al criticado trabajo desempeñado por Verónica Forqué como Wendy. Tampoco se escapó Joaquín Hinojosa de las críticas recibidas por su trabajo poniendo voz a Nicholson. Todo el mundo coincidió en lo poco adecuado de las interpretaciones vocales, pero incluso esto, que muchos creyeron que “rompía el tono, la tensión y la atmósfera del original”, ha quedado como una marca más de la película.
Se trata de la única película de Kubrick que no recibió ninguna nominación a los Óscar. Por el contrario, sí que fue candidata a los Premios Razzie (los anti-Óscar), lo cual da muestra, como decíamos al principio, de la mala opinión que los críticos tenían de ella. Fue considerada experimental y underground. Incluso fue cuestionada como película de terror por ser lenta y complicada, cuando no directamente ignorada precisamente por pertenecer a ese género considerado como menor. El tiempo ha demostrado que El resplandor es todo eso y más, y que había que dejarlo pasar para entender a Kubrick y lo que esta película iba a significar en la historia del cine. Martin Scorsese ha llegado a clasificarla entre las siete mejores películas de terror de la historia. Respecto a si nos aterra, sólo tendríamos que preguntar a los que nos juntamos el último lunes de septiembre para verla. Yo no recuerdo otra sesión donde se escucharan más sonidos y exclamaciones. Ahí lo dejo.
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